Todos sedados en la casa de Macarena. Tirados en filas. Duermen profundamente. La mañana se aproxima. La reja de la ventana principal de la casa ha quedado destruida. Al igual que el techo de chapa del garaje. Y la puerta mal cerrada con una montaña de concreto. Nadie vigila a los chicos dormidos.
Cerca de ellos, en una de las baldosas del piso, el auricular de un comunicador ha quedado olvidado. Del otro extremo de este comunicador hay un micrófono y un equipo de distorsión de la voz. Y frente a éste, se encuentra un hombre mañatado.
Cerca de ellos, en una de las baldosas del piso, el auricular de un comunicador ha quedado olvidado. Del otro extremo de este comunicador hay un micrófono y un equipo de distorsión de la voz. Y frente a éste, se encuentra un hombre mañatado.